martes, 5 de julio de 2011

Muestra fotográfica de Juan Guerrero


 



FLAMENCOS 2011
Muestra fotográfica de Juan Guerrero
Estrellas de fuego
del 8 de julio al 30 de agosto de 2011, La Carbonería, Levíes 18, Sevilla
Inauguración: domingo 10 de julio a las 22:00 horas.



La fotografía acostumbró a los ojos a esperar aquello que debían ver, y los instruyó a no ver lo que no hay y que veían claramente antes de ella: dejó dicho el poeta Paul Valéry… No es otra cosa lo que sucede en estos tientos jondos en los que consiste la labor de fotografiar, de capturar por mediación de la cámara, porque el hallazgo no es otro que la elección fugaz del instante decisivo, el término último la luz y, dentro de ésta, el registro a compás de la pintura fotográfica. Esta noción de ensayo, tanteo, tiento, expresión sin más flamenquísima, es decisiva para el artista, porque es en ese ir a tientas desmandadamente, de la foto-documento al arte fotográfico, el divertimento al que juega el fotógrafo; pero estos tientos que son de ver, no obstante, parece jugarlos la luz, y en ello descansa la foto. Si se cae en este atrevimiento, como en las ilusiones lumínicas, es porque se ha retozado lo bastante como para lograr ver de tal modo que sólo -en soledad extrema- es al fotógrafo al que le corresponde decidir las tientas y retomarlas, hasta elegir la instantánea en la que, por un momento, todo muestra detenerse con cierta intención rítmica.

 Cabe estimar, esta suma fotográfica, doblemente: de un lado, por su acercamiento al flamenco en actitud; y, de otro, por su cuidado esfuerzo. Obra del artista-fotógrafo Juan Guerrero (Puglia, Italia, 1977). Estos intensos resultados, que se exhiben ahora, hacen reflexionar, con emoción sostenida, en los repetidos intentos, en los tanteos reiterados, en la insistencia y constancia de ver. Esta colección fotográfica la completan unas veinte piezas, presentadas en soportes varios y formatos distintos, sobre clásico papel fotográfico brillo, editadas en impresión digital y que el artista-fotógrafo ha dado en llamar Estrellas de fuego. Se trata como puede verse de una bien tejida hilazón de metáforas para los ojos, que aparecen ligadas a un exigente por decidido impulso fotográfico: de una parte, fijar la luz en su caída, en su registro tonal; y, de otra, el logro del color en sus múltiples expresiones flamencas. Es, desde estos bailes de fuego, desde estas luminiscencias, que abiertamente se nos invita a ver de nuevas, a insistir en una visión adámica.

 Son, estas estampas flamencas, estas capturaciones fotográficas, el modo en que los ojos buscan registrar el desmandado juego de ver, mediante el trazo de luz y el aposentamiento del gesto sucesivo. Abundan, las instantáneas de la serie Estrellas de fuego, en hacer ver que la luz muestra su propio ritmo, no sólo que ella sea conducida por quien ose detener el instante, sino que ésta es conducida por aquél. Estas escenas de luz -préstamos del cante, del toque y del baile-, a contratiempo, pero metáforas lumínicas, dirigidas a los ojos, tienen a bien acercarnos a una poética visual, poética de visualidad flamenca, en tanto apuntan aquello que atina a ser visto y ya otra vez no visto, porque el ojo -venero vítreo- es dibujado por el campo de luz y la herramienta no tiene más que hacer su provechoso cometido, que consiste en detener la decisión del ojo.

 Cunde Juan Guerrero con esmerada factura, junto a la obra de la luz, que es la rítmica de la fotografía, en la obra del color y sus líneas maestras, acaso el empeño más logrado de este artista-fotógrafo; porque, de entre estos papeles fotográficos, la captura surge a partir de una serie de mediaciones que van de la observación de lo flamenco al registro de lo observado, de la insistencia de ver a su difuminada persistencia en la retina, y de esta frágil visualidad a la concreción de lo fotografiado. Las escenas, de marcado carácter jondo, reveladoras de la materia, ponen a pensar -al desocupado veedor- en la tarea de que, al fin y al cabo, aquello que se está viendo no es más que un poema visual flamenco, una flamencografía, una pintura hecha de luz y a compás. En estas irradiaciones, en estos tientos en blanco y negro, pero también en estos bailes del color, Juan Guerrero recurre a los procedimientos de la intervención de la fotografía para fijar el deslumbramiento tonal, cuestionando así el orden de fotografiar y el orden de la fotografía en que se fundan las nociones de encuadre y luz, composición y color; pero ajustándose a la incitación visual, en actitud flamenca, según las exigencias de la composición interna de la fotografía, aunque dejando del lado de quien ve la función de cerrar las interpretaciones posibles o las cavilaciones derivadas, que serán las que den forma última a la obra. 

Francisco Lira

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